La máquina de hacer pasta

Hacer pasta fresca es muy fácil. Hay muchas recetas distintas de pasta, cuyos ingredientes principales son harina, agua y sal. No es necesario disponer de una máquina para hacer pasta... en realidad, basta con un simple rodillo, pero la verdad es que simplifica bastante el proceso. La máquina típica hace láminas planas, que pueden servir como punto de partida para elaborar ravioli, tortellini, canelone, lasagna... También corta tiras finas en dos tamaños: uno más fino, tipo spaghetti y otro más grante, tipo fetuccine o tagliatelle.

Ésta es nuestra máquina de pasta... típica italiana. Su funcionamiento es simple.

Tiene un par de rodillos planos (1) que sirven para hacer pasar el pastón de masa. Accionando la manivela (3) giran los dos a la vez. Con la rueda (2) se puede regular la separación de los rodillos, y por lo tanto, el grosor de la pasta.

La masa se pasa varias veces por los rodillos planos (1) para darle consistencia. Lo más fácil es que a medida que sale la lámina por abajo, se va sacando y se pliega por la mitad. Entonces, se vuelve a pasar por la máquina. En cada pasada, la lámina de masa coge elasticidad y fuerza. Si la masa nos ha quedado pegajosa, conviene espolvorearla bien de harina antes de cada pasada.

Si queremos una masa fina, vamos acercando los rodillos cada vez más con la rueda (2).

En esta foto se ve la máquina en acción.

Cuando ya tenemos una lámina del grosor deseado y una consistencia elástica y resistente, ya está lista para ser cortada.

Si queremos láminas para lasagna o canelone o cualquier otra pasta plana, se cortan con un cuchillo, unas tijeras o un cortapastas.

Incluso con paciencia se pueden cortar tiras finas con un cuchillo bien afilado y hacer tagliatelle, pero los dos rodillos superiores permiten cortar la pasta en tiras con poco esfuerzo.

Lo único que hay que hacer es cambiar la manivela para accionar otro rodillo.

 

 

Cada rodillo tiene un agujero en el lateral. La manivela sale y se cambia de rodillo según el que queramos utilizar.

 

El resultado final. Después de obtener una lámina de pasta del grosor deseado, lo hemos pasado al rodillo de cortar.

Estos tagliatelle están muy enharinados, porque están hechos con harina integral no muy fuerte, lo que los hace algo más delicados y pegajosos.

 

Otra foto, más de cerca.


Para cocer la pasta fresca, no necesita tanto tiempo como la seca. De hecho suelen bastar uno o dos minutos. Pero ni siquiera es necesario controlar el tiempo. Se pone abundante agua a hervir con sal -no es necesario aceite, ya que la pasta fresca no se suele pegar-, y cuando está a punto de hervir, se echa la pasta fresca. Al echarla, se irá al fondo... A medida que va cociendo, la pasta empieza a subir hacia la superficie. Cuando toda la pasta está flotando, ya está hecha... suele tardar un par de minutos como mucho.


 

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